Resumen.
Nuestro trabajo versa sobre el espacio público, la opinión pública, la propaganda política y la necesidad de la democracia para lograr mejorar las instituciones del Estado en la comunicación política. Para evitar de esa forma regímenes de corte autoritario, totalitario o, de regímenes populistas y neopopulistas. Asimismo vamos a tratar de explicar cómo los medios de comunicación e información influyen en nuestra época en todas las relaciones sociales, incluidas por su puesto las relaciones de la sociedad civil, los partidos políticos, los gobiernos y el Estado. En los procesos de globalización económica y en los procesos de globalidad política, que además han generado cambios importantes en las democracias y sus instituciones.
Palabras claves: Opinión pública, propaganda, medios de comunicación e información, política, democracia, Venezuela.
Abstract.
Our work focuses on public space, public opinion, propaganda and the need for democracy to succeed in improving the state institutions in political communication. To avoid that way authoritarian regimes, totalitarian or populist and neo-populist regimes. Also we will try to explain how the media and information influence our time in all social relations, including of course the relations of civil society, political parties, governments and the state. In the process of economic globalization and global political processes that have also generated significant changes in democracy and its institutions.
Keywords: Public opinion, propaganda, media and information, policy, democracy, Venezuela.
Los Medios de Comunicación como el espacio privilegiado de la política en las democracias.
Por: Mg. Francisco R. García Samaniego. 1
INTRODUCCIÓN.
Es un hecho que los medios de comunicación masiva influyen de manera importante sobre la toma de decisiones de la opinión pública en los asuntos políticos dentro del debate en los Estados y por supuesto en las democracias actuales. Pero también es un hecho comprender que no sólo en los ámbitos políticos y de civilidad, vemos dicho fenómeno. En la ciencia, la familia, religión, las relaciones entre amigos, en el trabajo, y muchas otras situaciones de la vida cotidiana están perfilándose y reflejándose en los medios, en especial la televisión e Internet. Es ahí donde toma importancia comprender que los medios de comunicación están incorporados en nuestras vidas de una forma que todavía hay que descifrar y tratar de dar explicaciones plausibles para futuras generaciones. Aunado a los cambios dentro de las instituciones tradicionales dentro de la comprensión del Estado y la democracia, la cultura y las relaciones sociales en general.
Porque si bien es cierto, los medios y sus nuevas modalidades, se están condicionando como factor unificador de aquellos conflictos presentes en muchas situaciones sociales. Por ejemplo; los programas para la solución de conflictos familiares, de amistad, de negocios, vecinales, entre muchos otros. Además, éste cúmulo de programas brindan muchos placeres y tristezas, o por decirlo en palabras de Monsiváis, “la televisión es el gran interlocutor a quien se le cede el centro del diálogo familiar”. (Monsiváis, 2000) Y en nuestras palabras, la Internet bajo las redes sociales y redes de negocios y bancarias, también modifican las formas de interrelaciones, a niveles personales, políticos y gerenciales, como educativos.
De este modo, los proyectos políticos deben tomar muy en cuenta el uso de los medios tele-informativos para hacer valer su, o sus proyectos, sean estos últimos, locales, nacionales e incluso internacionales para la aceptación de sus representados de cara al siglo XXI dentro de lo que Ulrich Beck ha denominado las sociedades en riesgo por los cambios en las formas políticas y las representaciones que de ello se desprenden como consecuencia de la globalidad política.
Al mismo tiempo quiere decir esto, que nos enfrentamos al lenguaje, semiótico, polisémico, el arte, la estética de las modas y por supuesto a lo fenomenológico como nueva forma práctica de pensar el hecho social y político de nuestro tiempo en las nuevas formas de representación y discusión de la comunicación política, la propaganda y la opinión pública.
EL MUNDO GLOBAL Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.
Tomando en consideración los cambios contemporáneos, ya hoy en día no estamos discutiendo sobre la cultura moderna, más bien todo lo contrario. Hablamos de cultura postmoderna, o para otros, modernidad reflexiva en la sociedad del riesgo global, que se haya insertada en la era global, o al revés, globalidad insertada en la segunda modernidad. De allí que le demos el espaldarazo a José Joaquín Brünner, que en uno de sus trabajos de investigación nos plantea el concepto de postmodernidad como un concepto comodín. Porque dicho concepto desde distintas voces trata de salvar la jugada precisamente como casualidad. Una suerte de talismán. (Brünner, 1999) Queda vacío de contenido a la hora de las conceptualizaciones dentro del hecho social para explicaciones teórico metodológicas.
Como resultado de lo anterior, nuestro mundo global, vive, sufre y padece, una suerte de riesgo desde todos los ámbitos y está provocando así una desinstitucionalización de las otrora ideologías y partidos políticos agotados de tradiciones y conductas no adaptadas a los nuevos roles y valores que se están gestando. Es decir, partimos de un proceso de desideologización, despolitización y desmotivación de los referentes que unían al Estado Nación, los partidos políticos y las democracias en crisis.
En este sentido, “la sociedad de la información constituye un entorno tan insoslayable que es fácil suponer que todo el mundo disfruta de las mismas condiciones de quienes tenemos esas formas de acceso. Pero además, con frecuencia, nuestras sociedades se sintonizan con esos recursos de información de manera tan mecánica e irreflexiva que no siempre los aquilatan y no siempre los aprovechan con la amplitud e intensidad que serían deseables. Mucha información, por lo demás, no implica necesariamente mejores condiciones para vivir o apreciar la vida”. (Trejo Delarbre, 2006)
Ante este nuevo escenario, Ulrich Beck nos plantea en “La invención de lo político” y “Los enemigos de la democracia”; en esta suerte de ansiedad y miedo social al riesgo y a la inseguridad ha llevado al hombre y a la política a una reflexión subpolítica, en donde lo social y las demandas del ciudadano se comienzan a plantear de abajo hacia arriba. De los ciudadanos y sus demandas sin intermediación de instituciones tradicionales del Estado. No con ello queriendo decir su desaparición total institucional en cuanto a respuestas a los ciudadanos. Es precisamente allí que entran a jugar importancia relevante los medios de comunicación para hacer llegar y manipular (a la opinión pública bajo propagandas específicas) esas demandas del ciudadano. Significa, una subpolítica de la función política misma, que como condición sine qua non le plantea al individuo (cuando hace uso de su civilidad) organizarse por grupos de interés específicos y no de solidaridades generales.
Por ello; “deberá entenderse por medios de comunicación de masas, todas aquellas disposiciones de la sociedad que se sirven, para propagar la comunicación de medios técnicos de reproducción masiva”. (Luhmann, 2000)
Sin embargo, “la emisión descontrolada de propaganda gubernamental en varios países latinoamericanos, disminuye la calidad de la información que consumen los ciudadanos y contribuye a reducir los niveles de democracia”. (Trotti 2011)
Verbigracia, como lo observa Zygmunt Bauman en su libro, “En busca de la política”; los miedos en acción hacen de los ciudadanos buscar consuelo ya no en las iglesias ya no, en los partidos, ya no en las grandes ideologías que les llenaron de sentido en épocas pasadas. (Bauman, 2001)
Por todas estas razones, ahora el ciudadano mediático, sin que lo sepa, busca refugio en los grupos de apoyo, como alcohólicos anónimos, gordos anónimos, solteras/solteros etc... En el peor de los casos, y para muchos de nosotros, la respuesta se halla en el control remoto, o, en las Redes Sociales (Google, Hotmail, Yahoo, Facebook, Twitter, etcétera) y las páginas Web, aunadas a la telefonía móvil WIFI.
Es así, como percibimos la función tranquilizadora y disruptiva (que por paradójico) se fusiona en los medios e influye en nuestro ideario cognitivo colectivo cultural de acción práctica racional. Se pone en evidencia los cambios tan profundos dentro de los procesos sociales en todos los niveles y en todas las economías. Un proceso irreversible he irremplazable, que demanda legislación e instituciones políticas en democracia para tal fin. De allí la necesidad de repensar la democracia, la gobernanza y las funciones de la administración pública.
Pareciera ser, a raíz del cambio en las manifestaciones comunicativas (para el caso de la televisión-Internet) que, para muchas personas encender la caja de Pandora se hace para encontrar las bellezas sexuales, los lujos materiales, los viajes inalcanzables, todo aquello que en su vida cotidiana (para la gran mayoría) no logran acceder, es el reflejo de distracción y condición de un nuevo tipo de matar el tiempo pegados al aparato tele trasmisor, interconectado en Red. En eso que se ha tendido en llamar “Vida 2.0”, vida artificial en las redes sociales y los correos electrónicos, de una generación completamente diferente, gracias al uso de las tecnologías, microelectrónicas y nanotecnología. Sus efectos dentro del homo videns (Sartori) ya son palpables en la ciencia, las relaciones laborales, en la política, la economía, la cultura, el arte, el amor, las relaciones de amistad y los negocios.
En efecto, “en estas luchas, hoy en día, la televisión tiene un papel determinante. Quienes todavía creen que basta con manifestarse, sin ocuparse de la televisión, corren el serio peligro de errar el tiro: hay que producir, cada vez más, manifestaciones para la televisión, es decir, manifestaciones que por su naturaleza despierten el interés de la gente de la televisión, haciendo hincapié en sus categorías de percepción, y que, retransmitidas y amplificadas por esa gente, alcance su plena eficacia”. (Bourdieu, 2001) De hecho, Pierre Bourdieu no pensaba aún en el gran impacto, por ejemplo, en millones de seres humanos que tendría; Facebook, Twitter entre otros.
Ya es posible observar los efectos de este tipo de globalidad-mediática en donde el consumo como necesidad “básica” de los hombres cada día se hace más inagotable de nuevos objetos. Se nos presenta un modo de vivir consumiendo, en donde a falta de consumo se puede llegar a las más bajas pasiones, o sueños idílicos. De esta razón, de la sin razón, caen gobiernos y poblaciones enteras en la marginalización, pobreza y exclusión social, aunado a los problemas ecológicos y las catástrofes naturales.
Es precisamente de esa suerte de la sin razón, en donde la razón práctica de las acciones sociales de hoy día, se establecen en una racionalidad fenomenológica afectando de esta manera a la práctica política y establece nuevos roles y valores que hacen de todos los que las reciben sentir miedo y riesgos que los políticos no están en la capacidad de afrontar. Se confronta con el déficit de la democracia y las demandas sostenidas por una sociedad civil despolitizada pero mucho más informada.
Pero no todo es negativo, si de algo debemos estar complacidos con los medios de comunicación e información, es que le permiten al hombre destruir los “bastiones del aislacionismo cultural”. (Monsiváis, 2000) Además liberan aquellos secretos que por tabúes se dieron en situaciones pasadas, permitiendo así que nuestras generaciones amplíen su mapa mental con respecto a todo lo relacionado con la educación, tecnología y cultura. Dando complejos procesos laicos, que han permitido liberarnos (aunque hoy todavía existen en muchos países y mentes) de dogmas opresores, de fascismos demoledores y de racismos. Están permitiendo que los feligreses decidan sin temor sus posturas religiosas y a las mujeres legalizar mucho más sus vidas. Lo que está implicando es un reajuste en las formas de pensar relaciones de género, relaciones políticas, relaciones económicas, relaciones sociales o, las relaciones afectivas, entre muchos otros hechos de la razón práctica del mundo global-mediático de la experiencia vivida del imaginario colectivo instituyente. (Castoriadis, 2001)
OPINIÓN PÚBLICA Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Hablemos del término “opinión pública” y lo que con él se quiere indicar, es un producto típico del universo intelectual de la Ilustración burguesa de la edad moderna. La elaboración de un concepto o una teoría de la opinión pública es muy poco posterior, y ya desde finales del siglo XVII y durante la primera mitad del XIX, se multiplican las reflexiones sobre lo que es la opinión pública y, especialmente, sobre su papel en el nuevo orden político basado en el poder limitado y dividido, en la garantía de los derechos y libertades del individuo y en la publicidad y propaganda de la acción política, que queda sometida a la vigilancia y escrutinio de los ciudadanos, de la opinión pública. (Muñoz-Alonso, 1992)
En tal sentido, la opinión pública, “presupone una sociedad civil separada del Estado, una sociedad libre y articulada, en la que hay centros que consienten la formación de opiniones individuales, tales como los periódicos y las revistas, los clubes y los salones, los partidos y las asociaciones, la bolsa y el mercado, o sea un público de particulares asociados, interesados en controlar la política del gobierno, aunque no se desarrolle una actividad política inmediata”. (Mateucci, 1075:1997)
De hecho, ni el más autoritario de los gobernantes se ha permitido gobernar de espaldas a la población, y la misma literatura nos ha descrito con frecuencia a reyes deseosos de congraciarse con sus súbditos o preocupados por conocer sus opiniones. (Muñoz-Alonso, Monzón, Rospir, Dader, 1992) Sin embargo, “la opinión pública se ve llevada así a combatir el concepto de secreto de Estado, la defensa de los arcana imperii, la censura, para lograr el máximo de publicidad de los actos del gobierno”: (Mateucci, 1076:1997)
La consideración del grado de legitimidad del gobierno, cualesquiera que sean los parámetros que sirvan para medirla, está expresada, en buena parte, por el concepto que la gente tiene del gobierno en virtud de las acciones que realiza. Este concepto queda incluido en la idea de opinión pública, esto es, un juicio más o menos generalizado entre la población, respecto de los asuntos que son del conocimiento colectivo. (Noelle Neumann, 1995). Es decir, es la medida ciudadana a la eficacia u eficiencia de un gobierno determinado, o, al contrario las demandas a los gobiernos por ineficaces y de baja rendición de cuentas en los asuntos públicos concernientes a sus representados.
Así, el concepto de opinión pública no se refiere únicamente a las cuestiones relacionadas con el gobierno, las cuales obviamente están incluidas en él. Por ello se estima que debido a que la opinión pública – lo que la gente piensa acerca del gobierno- es una forma de expresar el grado de legitimidad que el pueblo concede al gobierno, la fuerza de dicha opinión se refleja en las acciones de los gobernantes y se constituye en un medio de control indirecto de los mismos. Es un medio de control a los desmanes de los liderazgos demagógicos populistas en algunas regiones del planeta, o a los desmanes totalitarios y militaristas en otros. Implica desentrañar el déficit de la democracia, e implica readaptaciones políticas partidistas para tal fin.
La opinión pública no es una forma de representación, ni un sucedáneo moderno, técnico y estadístico de la representación. Tampoco es un sujeto democrático, sino un campo de conflicto definido por las relaciones de poder, en las que podemos y debemos intervenir políticamente por medio de la comunicación, la producción cultural y todas las demás formas de producción biopolítica. (Hardt, Negri, 2004)
Desde una perspectiva general, podemos captar la idea de opinión pública como una especie de conciencia colectiva, pero como categoría concreta de análisis es muy difícil de definir. Al respecto nos parece útil la distinción del argentino Carlos Cossio entre opinión del público y opinión pública. La opinión del público, dice este autor, “se da en cualquier situación colectiva y traduce un proceso simplemente cuantitativo de adición de opiniones personales”; en cambio, la “opinión pública es una noción cualitativa, es una opinión “autorizada” o “calificada” que conforma la posición de quienes disponen de medios para hacer llegar su opinión al público”. (Cossio, 1973) Podríamos decir entonces según lo revelado por este autor que: la opinión del público, es una opinión que se suma; la opinión pública es una opinión que se publica. La opinión del público es la de una mayoría, susceptible de ser medida por encuestas o sondeos de opinión; la opinión pública es la de una minoría que tiene medios específicos y directos para hacerse oír por el público, a través de los llamados “voceros de opinión”. (Muñoz-Alonso, Monzón, Rospir, Dader, 1992)
Es lógico que ambas se interrelacionen -una puede influir en la otra- , pero la capacidad de influencia de la opinión pública es mayor porque dispone de medios para hacerse escuchar. El gobierno suele atender a las dos para medir su legitimidad, pero con frecuencia, toma en cuenta una medida a la que se ha llamado opinión pública, puesto que contribuye a formar la del público. Ello da a la opinión pública una dimensión de poder político. En realidad, es una forma de expresión de éste que se identifica particularmente con la influencia.
Dado que la opinión pública se expresa a través de los medios de comunicación, éstos tienen particular importancia política en las sociedades modernas. No es casual la designación de cuarto poder que se da a los medios de comunicación. De ahí que el control de los medios informativos otorgue un autentico poder político e influya en las democracias. (Muñoz-Alonso, 1992)
Los medios pueden desempeñar un papel reforzador de la legitimidad del poder establecido o cuestionador de la misma, en formas abiertas o sutiles. (Monzón, 1992). Esta característica los convierte al mismo tiempo en tenedores de un poder que a su vez puede ser sometido a la prueba de su legitimidad. Es materia de una polémica política central de nuestros tiempos, la cuestión de la adecuada regulación jurídica de los medios de comunicación para lograr que su poder sirva a toda la sociedad, a una mayoría de ella y no solamente a un sector restringido, sea éste el de la dirección del Estado, o el de la conducción de los grandes grupos económicos privado.
LA POLÍTICA Y LOS MEDIOS DE COMUNICACION.
En momentos actuales, con los medios de comunicación masiva e informáticos (como la Internet) y los avances de las nuevas tecnologías, se nos está planteando entender reflexivamente los cambios sustanciales que ello ha provocado en el terreno de la política y sobre todo en el lenguaje político.
Tanto es así que; “en los últimos meses, varios gobiernos se han desbocado, comprando y creando medios propios y agencias de noticias o gastando sumas siderales en publicidad, para defender y promover sus intereses partidarios. En contrapartida, no existe una cultura que promueva la creación de medios públicos y autónomos que estén obligados a hacer periodismo equilibrado, a exigir transparencia y a servir como fiscalizadores de sus gobiernos – jefes”. (Trotti: 2011)
En tal sentido, algunos liderazgos de corte totalitario y autoritario hacen uso de la propaganda política en las democracias bajo altos índices de confrontación, entre gobierno y oposición. Evidentemente el concepto de propaganda; “puede definirse como la difusión deliberada y sistemática de mensajes destinados a un determinado auditorio y que apuntan a crear una imagen positiva o negativa de determinados fenómenos (personas, acontecimientos, movimientos, instituciones, etc.) y a estimular determinados comportamientos”. (Sani: 1997:1298)
Por sus consecuencias, la posición asumida en el terreno de la política democrática fue y sigue siendo de carácter civil en torno a los controles necesarios legales para una función social. En sí, “la política es creadora de civilización”. (Crick, 2001) En este sentido, tiene comparación con los medios de comunicación, porque éstos últimos adaptan su lenguaje al permitir ampliar los patrones culturales de distintas sociedades y de todo tipo, permite al receptor de dichas emisiones ampliar su mapa colectivo-cognitivo cultural del mundo en donde se desenvuelve. En sí, “para comprender el papel de los medios en la reestructuración simbólica de los modos de concebir y practicar la ciudadanía en diferentes grupos sociales, ya que explican en buena medida el surgimiento de ciudadanos mediáticos que desde la centralidad cotidiana del hogar claman por ser escuchados y atendidos”.(Winocur, 2002)
De ahí, que la globalización (en sentido económico) desdibuja los lindes de interés entre hombres, mujeres, mercados, capitales y gobiernos. En sí, descubrir la política y redescubrir sus bases, significa interactuar como Homo Videns (Sartori, 1998) en los terrenos de lo escenográfico e interactivo.
Ahora bien, la influencia de la propaganda política se diferencia, “de otras formas de persuasión en cuanto da importancia a elementos meramente emotivos, recurre a estereotipos, pone de relieve, únicamente ciertos aspectos de la cuestión, tiene un carácter partidista, etc.” (Sani: 1997:1298)
El asunto se torna escabroso cuando se hace mal uso político de la propaganda política, por las desigualdades que ello ocasiona en muchas zonas, e incluso en los propios países más desarrollados. Por ejemplo en países como Estados Unidos de Norteamérica, Alemania, Italia, España, Francia, Australia, Brasil, Japón, la mayoría de los países de América Latina, por mencionar algunos de los ejemplos; se encuentran cúmulos de subculturas, interconectadas por redes en pugna que proliferan cada día más por las migraciones causadas por las desigualdades sociales, generadas por las crisis económicas, políticas o, los desastres naturales.
En tal sentido estas clases sociales de todo tipo y condición social, migratorias, de bajos recursos naturales, bajo déficit fiscales, problemas ecológicos, graves crisis económicas y políticas en dichos países se encuentran separadas por redes de autopistas o zonas urbanas, que se auto excluyen de la clase social propia en donde se hallan. Y, las clases tradicionales los excluyen de diversas formas conllevando así a nuevos tipos de entender los problemas sociales dentro de las ciudades y de ello los mass-medias son manifestaciones claras a la hora de exponer problemas puntuales e influir en la toma de decisiones políticas de la propaganda política en la globalidad.
Caso de no ser así, entonces diremos que la televisión ha adquirido un “poder colosal, potencialmente como si fuese Dios mismo quien hablara”. (Bosetti, 1998: Citando a Popper) Como se sabe, es una posición irónica que permite ver lo lejos que está decir que los medios (y en especial la televisión) puedan llegar a ser una institución más poderosa que el Estado en la Sociedad. Pero su impacto en las relaciones sociales en las democracias es insoslayable.
No en pocos casos populistas “que como vendedores de milagros”, (Popper, Condry, Geremek, 1998) aprovechan situaciones de descontento popular en épocas de transición conflictiva, para hacer uso de la propaganda populista-fascista, que marginan la discusión democrática. Un ejemplo de lo anteriormente expuesto lo vemos en la práctica política del lenguaje de los presidentes de Venezuela Comandante Hugo Chávez Frías, Evo Morales de Bolivia y Rafael Correa del Ecuador. Como casos comparativos en tanto discursos, más no en caso de función política. Recuérdese que Evo Morales viene de los sindicatos y movimientos indígenas, Rafael Correa de la tecnocracia y Hugo Chávez Frías de un fallido golpe de Estado en 1992 en Venezuela, lo que lo catapulta como símbolo de la antipolítica en contra de los partidos políticos tradicionales en Venezuela, Ecuador, y Bolivia.
Para René Antonio Mayorga, el núcleo de la antipolítica, “es una política electoral llevada a cabo por actores ajenos al sistema partidario -los outsider- que compiten en el juego electoral con recursos sacados del arsenal de una crítica radical contra los partidos y las elites políticas establecidas”.2
Bajo el mal uso de los medios de información, “el problema lejos de disminuir está en expansión. A principios de junio 2011 se creó la unión Latinoamericana de Agencias de Noticias estatales (ULAN), compuesta por nueve entidades nacionales oficiales: Telam (Argentina), ABI (Bolivia), AB (Brasil), Prensa Latina (Cuba), Andes (Ecuador), AGN (Guatemala), Notimex (México), IP (Paraguay), y AVN (Venezuela).” (Trotti: 2011)
Es decir, estos últimos, no responden a planteamientos de estructuras partidistas sino del sistema de la antipolítica y antisistema desde el lado de las izquierdas políticas, más de corte neopopulista, o de partido único, como el caso del PSUV en Venezuela, que de corte partidista pluralista. Aunque se debe destacar desde el lado de la derecha también percibimos el mismo fenómeno con líderes un tanto radicales como G W Bush, en su época en Estados Unidos de Norteamérica, Álvaro Uribe en Colombia, Vicente Fox en México, y Alan García en el Perú, por mencionar sólo algunos. Aunque cabe resaltar, dichos líderes políticos van de la mano de sus partidos políticos y de la institucionalización de los procesos democráticos en sus respectivos países.
Al contrario, los líderes de partido único de corte totalitario, populistas, neopopulistas, o militaristas hacen del insulto un discurso y la confrontación su
bandera, radicalizan a los sectores (lumpen) y enfrentan clases para hacerse del poder, como traficantes de esperanzas. Se mantienen en el poder político del Estado desgobernando. Se destaca el uso de la propaganda política; “ligada frecuentemente con la idea de manipulación de grandes masas por parte de grupos restringidos…La explotación de la propaganda por regímenes totalitarios ha contribuido ciertamente de manera notable a la difusión de esta caracterización”. (Sani:1997:1298)
Entre otras dificultades ese lenguaje llevado a los medios de comunicación bajo el mal uso de la propaganda política, ha afectado profundamente las democracias de América Latina. Puede decirse, que ese mal uso de los mass-media, por parte de ése tipo de regímenes políticos, va al lado de frágiles culturas políticas que hacen del juego democrático mucho más complicado afectando de manera drástica nuestros entornos, tanto económicos, políticos como sociales.
SOBRE LA RESPONSABILIDAD DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN. (El caso venezolano en el pasado de una ilusión.)
En Venezuela se está viviendo una época de incertidumbre política en una etapa de transición que se ha prolongado.3 Y ha sido un caso en América Latina que se presenta distinto a las formas tradicionales por sus matices neopopulistas y autoritarios. (Ramos Jiménez, 2002) Asimismo, de allí la importancia del rol que los medios de comunicación (mass-media) en especial la TV, radio y prensa, han tenido dentro del debate y confrontación política actual que se presenta de suma importancia para la discusión política de la opinión pública.
Pero se advierte que la discusión política generada dentro de los Parlamentos, Asambleas (caso venezolano), o Congresos sigue siendo la máxima para establecer consenso dentro de las democracias representativas para la solución de sus conflictos.
Asimismo para Bernard Manin: “Los medios de masas, no obstante, favorecen determinadas cualidades personales: Los candidatos exitosos no son los notables locales, sino lo que calificaríamos de personajes mediáticos, personas que tienen un mejor dominio de las técnicas de la comunicación mediática que otras. Lo que estamos percibiendo hoy no es una desviación de los principios del gobierno representativo, sino un cambio en los tipos de élites seleccionadas. Las elecciones siguen otorgando cargos a individuos con características distintivas; conservan el carácter elitista que siempre tuvieron. No obstante, una nueva elite de expertos en comunicación ha reemplazado al activista político y al burócrata del partido. La democracia de audiencias es el gobierno de los expertos en medios”. (Manin, Bernard, 1997)
De allí que los políticos profesionales y los líderes busquen escenificarse en la palestra pública que los medios de comunicación masiva les proporcionan, y de ése modo poder hacer llegar a los ciudadanos sus proyectos y planteamientos políticos a un colectivo en especial, tanto local, nacional como internacional.
Dadas las tendencias políticas en la actualidad, “la exposición periódica mediática como periodista o integrante del espectáculo prácticamente garantiza un ingreso exitoso a la política nacional y local”…”Sólo los políticos que saben moverse en los medios son capaces de conservar sus cargos políticos, y eso mientras no se perfile otra personalidad mediática capaz de superar sus niveles de popularidad”. (García Jr. 2004)
Sin embargo, Francisco Laporta ha puesto el dedo en el centro del circulo denunciando la perversa desnaturalización que sufre la prensa libre tanto cuando se somete al poder ejecutivo como cuando trata de competir con él, ejerciendo un poder paralelo e incontrolado sobre los ciudadanos. Y si esta corrupción periodística se generaliza, también se pervierte la democracia, que no puede funcionar sin una prensa libre e independiente. (Gil Calvo, 2002)
Asimismo para el tema que nos ocupa podemos destacar nuevas formas interpretativas como el término metapolítica, término que se presenta de suma importancia a la hora de establecer las nuevas formas de pensar la democracia. Es decir, la metapolítica se presenta desde tres dimensiones: medios, política y democracia, y por ello, en los actuales momentos de profundos cambios globales y locales en torno a las estructuras del Estado, no podemos pensar ninguna de ellas sin el concurso de las otras. (Cansino: 2011)
Incluso, sin los medios, el político en nuestra época se haya a la deriva para publicitar sus reivindicaciones políticas y sociales. De hecho, “La situación actual parece obedecer a dos causas. Primera, los canales de la comunicación política afectan a la naturaleza de la relación representativa: mediante la radio y la televisión, los candidatos pueden, de nuevo, volverse a comunicar directamente con sus circunscripciones sin la mediación de la red del partido. Ha pasado la época del activista y del hombre de partido”. (Manin: 1997).
Estos liderazgos personalistas se valen de la crisis social y del agotamiento de la democracia, para proyectarse como “los salvadores y rescatadores de los valores perdidos” en un mesianismo, proyectado en la pantalla chica de los medios y publicitado por la propaganda en muchos de los diarios de gran tiraje nacional. Casos que se han vislumbrado en países como Ecuador, Argentina, Perú, Bolivia, Brasil, Colombia y Venezuela en las últimas décadas.
De hecho las sociedades que viven en sistemas políticos con altos niveles de desconfianza, y en donde, los actores políticos no garantizan los acuerdos, pactos, reglamentos y los derechos humanos, es muy difícil lograr construir, y generar confianza en los ciudadanos para crear Capital Social4 , tanto político, como económico. Por la falta manifiesta de los agentes y actores políticos, para crear un ambiente idóneo para la cooperación de capacidad asociativa en sus gobiernos. Lo que termina generando la crisis de la gobernabilidad.
Así las cosas, y como bien lo señala Sandro Macassi Lavander: “crecientemente los medios de comunicación sustituyen a la comunicación política, constituyéndose ellos mismos en escenarios, en actores y en catalizadores de la comunicación política”. (Macassi, 2002)
En tal sentido, para Alfredo Ramos Jiménez; “el régimen del chavismo se instala desde entonces como desgobierno, en el sentido de que las tareas de gobierno son desplazadas y sustituidas por acciones y decisiones encaminadas a la preservación de las posiciones de poder legítimamente adquiridas: en otras palabras, el titular del Gobierno y sus colaboradores dejan de gobernar a fin de mantenerse en el poder”. (Ramos Jiménez, 2004)
Ahora bien, “los medios de comunicación, por su parte, operan en la primera etapa de los conflictos pues son los primeros en visibilizar o no las necesidades de los grupos sociales, en dar publicidad a las demandas colectivas, o en dar voz y autoría social a los líderes que las representan”. (Macassi, 2002)
Sin embargo el pasado de una ilusión en Venezuela se debe al declive popular del presidente de Venezuela por su posición de confrontación con todos los sectores vivos de la nación, incluyendo los medios de comunicación. De allí, estos medios de comunicación venezolanos con un gran poder económico y social actúan como la oposición más aguerrida. Al reconocerles este papel a los medios de comunicación, se presenta una debilidad institucional en la función de los partidos políticos en Venezuela como gestores políticos para la resolución de los problemas sociales en la construcción y establecimiento de la democracia. Pero también para repensar la democracia y las instituciones de dicho país.
Es decir, sin los medios de comunicación en Venezuela, las tropelías del chavismo, militar-militarista no hubiesen tenido freno sin los medios. Y todo ese cúmulo de ineficiencias, corrupción, violación a los Derechos Humanos, violación a la Constitución de 1999 y faltas de rendiciones de cuentas del desgobierno chavista, se han ventilado gracias a un grupo de medios de información cónsonos con la idea de libertad de expresión, representación, participación, respeto a la propiedad privada, y valores de la democracia.
Pero resulta claro destacar que: “La historia ha demostrado que cuando menos controles tiene y mas desbocada es la propaganda gubernamental, menores son los chances de éxito de las democracias. Los europeos aprendieron bien la lección. Después de las devastadoras campañas de propaganda Nazi y fascista, se dieron a la tarea de crear medios públicos, alejados de injerencias gubernamentales y con altos estándares de calidad informativa”. (Trotti: 2011)
Ahora bien, la democracia en Venezuela la están reestructurando los medios y la unión (por cierto en aumento de su legitimidad institucional) de distintos partidos políticos, organizados en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). En efecto, la eficacia dentro del discurso manejado por los medios de comunicación e información y su influencia en la mayoría de la sociedad civil adversa al “proyecto revolucionario” de Chávez ha resultado en la repolitización de la sociedad en general para deslegitimar el poder político del actual presidente del desgobierno. Es allí, en donde los medios como representantes del disgusto colectivo toman la palestra pública actuando como una oposición hacia la función de gobierno por la grave crisis de gobernabilidad y la baja institucionalización de los partidos políticos adversos al régimen.
Cabe destacar que Venezuela en los últimos tiempos se ha transformado en un país con una gran confrontación político-social y mediática. Ello a su vez, afecta el imaginario colectivo, encendiendo las pasiones de lado y lado. Tanto para los opositores al régimen, como a los adeptos a él. Por su parte, Alfredo Ramos Jiménez ha observado el hecho de que el “ingrediente postmoderno del populismo puede encontrarse también en ciertos avances de la video-política o la política-espectáculo en los años recientes”. (Ramos Jiménez: 2002)
Desde 1999 la democracia va en declive institucional, por aquello de la democracia participativa, y en sus formas partidos de concebirla. En efecto, “desde el punto de vista institucional tal proyecto se ha plasmado en ciertos cambios introducidos en la Constitución nacional, pues mientras la de 1961 definía expresamente la forma del gobierno del país como una democracia representativa, y otorgaba a los partidos políticos un papel destacado como instrumentos a través de los cuales se iba a ejercer la representación política, la nueva Constitución de 1999, al referirse a la democracia venezolana, suprime totalmente el adjetivo representativa para calificarla, en cambio, como participativa y protagónica, y elimina la anterior mención a los partidos políticos y a sus funciones”.6
Si lo anteriormente expuesto es cierto, entonces como consecuencia de la falta de representatividad de la sociedad civil venezolana venida a menos en un discurso trasnochado participativo – socialista, el escenario lo prestan los medios, para publicitar la falsa propaganda del desgobierno con ribetes totalitarios. Así, “la naturaleza de la propaganda en el interior de un país varía enormemente de acuerdo con el régimen político: en los regímenes autoritarios o totalitarios la propaganda está firmemente bajo el control del Estado o del partido dominante y es utilizada con fines de expansión o consolidación del régimen para inculcar en la población una versión simplificada de la ideología oficial y para combatir las formas internas de oposición”. (Sani: 1997:1299)
El anterior concepto se aplica ampliamente en la Venezuela de la falsa revolución Bolivariana del siglo XXI. Ello es así, por los constantes ataques que el presidente lanza a los actores y sectores en pugna en la arena política y en el sistema de gobernar totalitariamente de forma pretoriana que realiza bajo un verbo provocador de la anarquía, transformando al Estado venezolano en un Estado Trasgresor de sus propias bases constitucionales (Proyecto de Reforma Constitucional 2007, 26 Leyes de la habilitante 2008, proyecto de Enmienda Constitucional en 2009). De hecho dichas proposiciones del ejecutivo no fueron avaladas por los votantes venezolanos en su momento.
En búsqueda de un análisis más desprendido de las pasiones que despierta éste polémico debate, debemos afirmar la importancia que ha jugado en un principio el Presidente Hugo Chávez para “politizar” a la sociedad civil venezolana que venía de una apatía política, o de una desafección política hacia los asuntos públicos de interés en la vida colectiva. Eso ha sido positivo para la democratización de la cultura política, pero también ha sido la camisa de fuerza para el propio presidente el cual se encuentra fuertemente renuente a escuchar las voces disidentes a su estilo de gobierno, por su personalidad autoritaria y su verbo demagógico.
Es decir, de la repolitización en un comienzo del gobierno de Chávez 1998, 1999, 2000, se hace una regresión a la desafección política como componente por la gran abstención que se ha observado en los últimos procesos electorales en Venezuela. Sigue la sociedad desmotivada y regresa a posturas privadas de solución de los conflictos generales lo que ha dinamizado en gran medida la violencia dentro del Estado Venezolano y su claro declive e ineficacia para operacionalizar políticas de gobierno en el Estado en el tiempo.
Bien, desde los puntos de vista de la situación política que vive Venezuela en estos tiempos a partir del 11 de Abril de 20027, los medios se han radicalizado (y no sin razón) en busca de una salida negociada más no dialogada con el Presidente y su equipo de trabajo que no han querido entender, ni comprender la grave conflictividad política, económica y social por la cual transita Venezuela desde 1998 hasta la actualidad. Y más aún, con la grave situación de poca credibilidad institucional luego del referéndum revocatorio de mandato presidencial del 15 de agosto del año 2004, que estuvo teñido de acusaciones de fraude entorno a miembros de Consejo Nacional Electoral (CNE). Fenómeno político único en su tipo en Latinoamérica. Primero por la realización de dicho acto refrendario, y segundo por la comprobación técnica de un posible fraude fraguado por el Poder Ejecutivo. Aunados años después al cierre de la planta de televisión RCTV.8
Entre otras dificultades, y en contraste con el estudio de Marcos Novaro; “El prototipo es, el demagogo populista de las lindes electorales que promete más de lo razonable, introduce la arbitrariedad personal allí donde debería regir cálculos estrictos de costo-oportunidad, y que se muestra endemoniadamente convencido de ciertas ideas que no tienen comprobación empírica”. (Novaro, Marcos, 2000) De ésta manera, los populismos se establecen en el Estado democrático presidencialista de gobierno. Valiéndose el líder neopopulista de la fuerza que le otorga el poder ejecutivo, y para lograr su victoria y con su carisma, que aprovecha al máximo por la despolitización ciudadana; que se originó por la crisis en la función de los partidos políticos tradicionales. Fenómeno presente en nuestras instituciones huecas o mal institucionalizadas, como ya lo había anunciado Larry Diamond, “la política contemporánea es cada vez más una compleja articulación de técnicas”. (Rivas Leone, 1999) De ahí deviene una suerte de democracia plebiscitaría por principio demagógico que fundamentan los outsiders de la política, con un discurso de la antipolítica proyectada en los medios de comunicación.
Por lo tanto, y en cierto modo, cabría decir que los medios de comunicación, y bajo su influjo en la representación política, logran cambiar la cultura política (tanto en el ámbito positivo como en el negativo) del comportamiento político dentro de los países en donde éstos actúan dependiendo de la situación de conflictividad entre gobierno, ciudadanos y medios de comunicación. Para Pierre-André Taguieff, “la comunicación televisiva se convierte en un sustituto de las prácticas democráticas –algo así como la realización simbólica del sueño de la democracia directa”. (Taguieff, 1996). Y es la base de todo líder video-populista que aprovecha la televisión para su demagogia. O aprovecha la imagen para establecer su autoritarismo. Y permiten al ciudadano acceder (no todos por supuesto) a los medios para manifestar sus criterios y puntos de vista.
Hoy más que nunca, bajo el marco de la globalización es necesario recrear la vinculación entre Estado y mercado, corporaciones transnacionales multimedia, procesos de concentración industrial y desarrollo económico local regional, estudiando las nuevas formas de partidos cosmopolitas (Beck, 2002) dentro y fuera de las fronteras a fin de diseñar alternativas de control democrático a la comunidad. Pero si hay algo en lo cual la comunidad tanto política como de la sociedad civil, es que no pueden tener control sobre el mercado y sus cambios. Precisamente, “la globalización significa también: ausencia de Estado mundial; más concretamente: sociedad mundial sin Estado mundial y sin gobierno mundial. Estamos asistiendo a la difusión de un capitalismo globalmente desorganizado, donde no existe ningún poder hegemónico ni ningún régimen internacional, ya de tipo económico ya político”. (Beck, 1999)
Bien se puede pensar que los nuevos liderazgos en su gran mayoría se presentan ante los ciudadanos con una personalidad carismática, más no de tipo racional legal (Weber, 1992) que comporta una plataforma partidista. Por empezar “de esta manera, el populismo, parecería un pretexto, a un membrete a falta de otro mejor, para referirse a una diversidad de temas”. (Burbano de Lara, 1998) Los cuales por su diversidad se deben plantear en el contexto sociológico político de cada sociedad en donde aparezca el fenómeno del populismo o, neopopulismo como forma para explicar los modos de conducción de un gobierno determinado por su líder, porque responde a nuevos liderazgos políticos, cuyo significado no es muy claro de definir.
Felipe Burbano de Lara se pregunta, y la comparación con lo aquí planteado se nos presenta pertinente: “¿Hasta dónde son populistas o neopopulistas estos liderazgos, y a partir de qué empiezan a ser fenómenos con identidad propia, con rasgos nuevos y específicos?”. (De Lara- Burbano)
Se podría responder, siguiendo a Felipe Burbano de Lara; que la forma clásica del populismo respondía a las masas urbanas, como por ejemplo los Descamisados en la Argentina de Perón; En el caso del neopopulismo, responde a la insatisfacción de los ciudadanos descontentos-despolitizados-cansados, con la forma partido de llevar el manejo del Estado. De hecho el término neopopulismo con sus prácticas neoliberales y excluyentes desplaza el término clásico de populismo, complicando aún más su clara definición para la política como ciencia y para las soluciones dentro de las administraciones publicas del subcontinente.
Los neopopulismos, “se trata de una forma de liderazgo muy personalizada que emerge de una crisis institucional de la democracia y del Estado, de un agotamiento de identidades conectadas con determinados regímenes de partido y ciertos movimientos sociales, de un desencanto general frente a la política, y del empobrecimiento generalizado tras de la década perdida”. (Burbano de Lara, 1998)
Por sus consecuencias, “la crisis política en Venezuela se ha asociado principalmente a la agudización de los problemas políticos y económicos registrados desde 1989. Ésta, habría sido determinante tanto en la frustración de las expectativas depositadas en la democracia de partidos como en la decepción general respecto de los líderes que la habían encabezado. Más aún, el déficit fiscal, la recesión y la inflación, habrían actuado como ingrediente económico disolvente de las lealtades, favoreciendo la gran desafección hacia los políticos y la política”. (Ramos Jiménez: 2011; García Samaniego:2010)
En consecuencia, los factores económicos de la crisis; sirven para explicar la caída institucional en las preferencias políticas, que se correspondieron a una repentina pérdida de interés de la población (como lo hemos llamado, la desafección a los políticos y la política) por la consolidación institucional y la democratización, urgida ahora por nuevos y alarmantes problemas socio-económicos.
Ahora bien, si en una época se despolitizaba la sociedad civil en Venezuela, a raíz de la poca credibilidad en los partidos políticos tradicionales. Ahora se presenta una repolitización dentro de la misma sociedad, cansada ésta de los abusos de poder por parte del presidencialismo excesivo neopopulista del presidente, que está tendiendo más a posiciones de carácter autoritario, que de tipo democrático.
La profunda crisis de la democracia está representada por el desplazamiento del espacio en donde se ejecuta la política (incluyendo la democrática), hacia el mundo de lo virtual y de lo efímero; proceso ampliamente soportado por fenómenos concurrentes con el despliegue de las tecnologías de la información: la ausencia de preparación del ciudadano para el debate político atento e informado y la influencia preponderante de las imágenes sobre los contenidos a la hora de formarse la opinión pública.
Si definimos la Democracia literalmente como “poder del pueblo”, soberanía y mando del demos. “El problema siempre ha sido de qué modo y qué cantidad de poder transferir desde la base hasta el vértice del sistema potestativo. Una cuestión es la titularidad y otro bien diferente es el ejercicio del poder”. (Sartori: 1998).
Algunos investigadores, como Sartori, cuestionan la posibilidad de mayor ejercicio directo de la democracia por el “no saber” generalizado, a despecho de los que consideran que éste es el camino para superar el discrecionalismo (igualmente ignorante) de los representantes.
Otra forma de definir la democracia es calificarla como el gobierno de la opinión; y realmente el pueblo soberano “opina”, pero lo hace (según Sartori) en función de cómo la televisión le induce a opinar.
En sus investigaciones sobre los efectos del medio televisivo, Sartori nos afirma que el acto de tele-ver está cambiando la naturaleza esencial del hombre, remarcando su preocupación por la preeminencia de un ser humano (al que denomina video-niño) educado en el tele-ver – delante de un televisor—incluso antes de saber leer y escribir. (Sartori:1998) Ha sido señalado que es característico de la televisión el destruir más saber y más entendimiento que el que transmite, de allí que las cualidades que posee éste tele-ciudadano trae aparejadas consecuencias de largo alcance: este ciudadano es capaz de ver sin entender, y ello tiene una incidencia inmediata en la video-política y en el poder político de la televisión. Nos encontramos ante el hecho de que las imágenes tienen preeminencia sobre lo inteligible, y así al conducir la opinión, el poder de la imagen se coloca en el centro de todos los procesos de la política contemporánea, incluida la política democrática.
Ciertamente es discutible la calidad de una democracia tal. El progreso de la democracia depende de un demos representativo, interesado e informado sobre política, pero la educación formal (una característica generalmente asociada a los participantes de los nuevos medios de comunicación) por sí misma no favorece un mejor entendimiento de las cuestiones políticas. En ese sentido, las posibilidades de opinar no parecen escapar a esta determinación. Hoy en día, más que pasando a una democracia electrónica directa (aunque formalmente se instaure), se estaría generalizando una democracia video-dependiente.
Debe concluir, por tanto, que la relación medios – acción política, continúa siendo altamente compleja y, el nuevo poder de penetración adquirido por los espacios mediáticos, gracias a la confluencia de las tecnologías informáticas y de telecomunicaciones, sin lugar a dudas ha modificado ampliamente los espacios en los cuales se desarrollan muchas prácticas sociales. La realización de la política (la constitución, desarrollo y mantenimiento del poder) no ha escapado a esta influencia y, ciertamente, la presencia en los medios telemáticos es una condición de creciente importancia para la sobre vivencia como opción política real siempre en condiciones democráticas.
No se trata de negar la existencia de otras formas de actividad política fuera de los medios (grupos de interés, grupos de presión, movimientos sociales, ONG’ S, organizaciones supra-nacionales, mítines, contacto personal, movilizaciones, etc.…), pero si se afirma categóricamente que su efectividad se potencia en la medida que funcionan como mecanismos para aparecer en los medios. Y de allí influir en la toma de las decisiones en las democracias.
FORMAS PRETORIANAS EN LA POLITICA VENEZOLANA.
Es un hecho que, las nuevas formas de comprender y repensar la democracia y las funciones políticas en América Latina, se nos plantea relevante por la necesidad de superar los grandes conflictos políticos y económicos en la región de la mano de liderazgos alejados de la forma partido institucionalizados de organizar la democracia. Así se destaca esta sugerente obra (Las formas modernas de la política) como base de un trabajo llevado ya años atrás sobre el déficit de la democratización bajo la óptica de la comparación en la ciencia política. Tanto así, las preguntas planteadas para Alfredo Ramos Jiménez parten de una preocupación teórico-metodológico en; “¿cómo pensar la política democrática en nuestros países sin detenernos en la observación de las formas partidistas de hacer política? ¿Cómo establecer las responsabilidades de los actores políticos en el declive profundo de nuestros partidos políticos? ¿Por qué los ciudadanos quieren muy poco a los partidos? ¿Hasta qué punto los partidos constituyen el único antídoto conocido frente a la oferta de los líderes carismáticos y plebiscitarios?
Y sin embargo, “pensar la democracia como forma de vida y a la política, o sea al espacio público, como el lugar decisivo de la existencia humana, no deja de tener un ingrediente optimista. En efecto, aunque no tengo ningún argumento para demostrarlo, estoy convencido que las sociedades que avanzan, que conquistan mayores y mejores márgenes de democracia y libertad, difícilmente pueden preferir algo que las haga retroceder, algo que las perjudique; las sociedades que hicieron valer en algún momento su deseo de ser libres, difícilmente regresarán —no al menos voluntariamente— a la servidumbre del pasado autoritario. Es por eso que sostengo que así como la democracia aspira a cada vez más y mejor democracia, también las sociedades libres aspiran a cada vez más y mejor libertad. Con todo, tengo claro que hablar de la democracia desde lo social supone reconocer la total indeterminación de lo político. En efecto, ahí donde coinciden hombres y mujeres al mismo tiempo iguales y diferentes todo puede pasar, la sociedad puede alcanzar consensos o terminar más dividida o fragmentada que antes; puede incluso, en una situación extrema, renunciar a su libertad y optar por el sometimiento (como se sabe muchos tiranos del siglo XX llegaron al poder por la vía electoral)”. (Cansino: 2011)
De hecho la necesidad de dar nuevas reflexiones un tanto apegadas a las nuevas realidades políticas supone comprender y entender la política después de los partidos. Incluso, entender la política en la globalización económica y en la globalidad política. Lo que supone reflexiones un tanto osadas y sumamente obligantes para el estudioso de la política y la democracia en América Latina.
En tal sentido, “El pretorianismo, en un sentido limitado, se refiere a la intervención de los militares en política, así como el clericalismo a la participación de los dirigentes religiosos. Las causas de su intervención no residen en la naturaleza del grupo, sino en la estructura de la sociedad. Consisten, en especial, en la falta o debilidad de instituciones políticas efectivas en la sociedad. En una sociedad pretoriana no sólo los actores son variados, sino que también lo son los métodos que se emplean para decidir en materia de cargos y normas. Cada grupo utiliza medios que reflejan su naturaleza y capacidades peculiares. Los adinerados sobornan, los estudiantes se amotinan, los obreros se declaran en huelga, las multitudes realizan manifestaciones y los militares golpean. A falta de procedimientos aceptados, en el escenario político se encuentran todas estas formas de acción directa. La falta de instituciones políticas efectivas en una sociedad pretoriana significa que el poder se encuentra fragmentado se presenta en muchas formas y en pequeñas cantidades”. (Huntington:1997)
Ahora bien, el declive de las formas partidos de organizar la democracia en las últimas décadas ha llevado al surgimiento de tipos de políticos alejados de la profesionalización dentro de los partidos, y ello conlleva a la antipolítica que en muchos sentidos niega el respeto a las leyes, y además, crea un estado de incertidumbre general en el relanzamiento de políticos outsider de la política ampliando de manera preocupante tipos de gobiernos neopopulistas, hacia formas totalitarias como pasa en la Venezuela de la mal llamada revolución del siglo XXI, en unos casos, o tipos de regímenes políticos en donde la competición entre oposición y gobierno es escasa, dando al traste con el desarrollo de la gobernabilidad hacia el desgobierno de los sistemas mal llevados por estos tipos de políticos improvisados, que en muchos sentidos se proyectan en los medios de comunicación en una video política, o política del espectáculo. Más que todo un show propagandístico derrochador en exceso de los dineros públicos avalados por altos índices de corrupción desde el ejecutivo.
En otro orden de ideas Steve Ellner plantea que los orígenes del populismo en Venezuela tienen que ver con “La utilización de símbolos fácilmente identificables fue la marca de fábrica del estilo de AD. Este partido adoptó el emblema popular de “Juan Bimba”, considerando como la quintaesencia del hombre venezolano humilde y haciéndolo representar como el típico miembro de partido. El Juan Bimba de AD estaba vestido con ropas harapientas, sostenía un pedazo de pan en su bolsillo y usaba alpargatas (cholas). Significativamente Juan Bimba era un campesino, que en la Venezuela de los años 40 representaba a una mayoría de la población, en vez del trabajador urbano. AD se hacía llamar el “Partido de los choludos” (aquellos que usaban alpargatas), una palabra que conjuraba una imagen tan evocativa como el término peronista descamisados. Al igual que su contraparte argentino, alpargatúo tenía originalmente connotaciones despectivas, pronto se convirtió en un motivo de orgullo para los seguidores leales de AD.” (Ellner, 1997:24)
Es decir, se implanta dentro de sistema político la ingobernabilidad haciendo de los Estados y países que la padecen aumentar sus conflictos sociales, ya que el sistema se presenta inviable y las soluciones políticas tienden a ser llevadas a cabo de manera poco convencional, (caso de Argentina, Bolivia, Ecuador, por ejemplo) sumamente personal y sobre todo negando las instituciones públicas creadas para tales fines. El ejemplo de Venezuela se presenta verificable en cuanto a las instituciones del Estado y gubernaturas se encuentran en manos de militares o ex militares adeptos y sumisos al proyecto totalitario del partido único PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) que sólo responde al mandato de Chávez acabando con el proceso de la descentralización.
Por ello el propósito del análisis acá expuesto por Alfredo Ramos Jiménez no es otro; “que el reformular, en sus líneas generales, el problema de la democracia en el devenir del pensamiento político latinoamericano en la última parte del siglo XX, y principios del XXI, en la medida que constituye el reflejo de un principio constitutivo de los diversos agentes sociales de la historia continental y, por lo mismo, revela la forma que ha prevalecido en la construcción hegemónica de los diversos bloques de poder en nuestros países en la época reciente”. (Ramos Jiménez: 42:2008)
El desarrollo del déficit de la democracia y el declive de los partidos políticos para dirimir el conflicto entre el Estado y la sociedad civil va condicionando y procesando dentro de la sociedad, un claro descontento con los políticos tradicionales, y el ciudadano comienza a sentirse atraído por discursos reivindicativos, en promesas de mejoras sociales por las graves deficiencias de las políticas implementadas épocas reciente de modo netamente de corte populista, militar militarista en un claro ataque no, a la democracia, sino al sistema republicano que es la base del comienzo de todo totalitarismo.
Asimismo, Ellner pone de manifiesto como: “El fenómeno del “hiperpresidencialismo”, el cual incluye el debilitamiento del congreso y otras instituciones de equilibrio y control, evoca la imagen de los presidentes a lomo de caballo conocidos como caudillos, quienes gobernaron durante todo el siglo diecinueve. Parte de la explicación de la atrofia institucional es la respuesta de América Latina al estancamiento económico que ha caracterizado al continente por más de dos décadas. En su prisa por implementar las reformas del “tratamiento de choque”, los presidentes neoliberales en América Latina han menospreciado los congresos y aún sus propios partidos políticos, revertiendo de esta manera un siglo de construcción de instituciones políticas. Al mismo tiempo, ellos generalmente no se han sincerado con los votantes en el sentido de que no preparan la opinión pública por las medidas de austeridad, debilitando en esta forma la credibilidad de la democracia. La decepción de la política y de los políticos se refleja en el descenso de la membrecía de los partidos”. (Ellner; 2008)
De tal forma para construir, “una teoría general del Estado que dé cuenta de la especificidad de la acción estatal e intervención en nuestras formaciones sociales periféricas del capitalismo y, en un plano más especifico, la de identificar aquellas prácticas democráticas que definen el momento político actual de las relaciones de fuerza, como factor crucial para la explicación de la dinámica social en América Latina”. (Ramos Jiménez: 42:2008)
De la aguda crisis de representación que viven los actuales y muy debilitados partidos, en torno a la democratización y buen desarrollo de la gobernabilidad del sistema político, da paso a la desafección política por parte del ciudadano como componente y fenómeno que se desarrolla dentro de nuestras escasas culturas políticas. Ya que la sociedad política se halla un tanto a la deriva gracias a las manifestaciones de corte anti institucionales afectando de manera clara las potencialidades de lograr mayor cobertura social entre: Estado, sociedad política, y sociedad civil.
Si esto es así, “habría que poner en tela de juicio aquellas posiciones que miran con desdén el aporte ciudadano a la democracia en América Latina, y que se refieren a los ciudadanos de nuestra región como “ciudadanos de baja intensidad” (v. gr.: O’ Donnell, 1994) o “ciudadanos precarios” (v. gr.: Durand Ponte, 2010). En contra de este tipo de posiciones, considero que no es poca cosa para cualquier sociedad tener que cargar sobre sus espaldas con todo el peso que significa mantener democracias tan endebles y frágiles como las latinoamericanas (sometidas a tantos embates que la amenazan permanentemente, empezando por la ineficacia y el desinterés de las elites políticas). Es más, en contraste con lo que ocurre en democracias consolidadas, donde las instituciones y las prácticas democráticas, por así decirlo, caminan solas, en democracias no consolidadas, el papel de la ciudadanía es por necesidad más activo y decisivo, pues si los individuos en estas realidades insuficientemente democráticas flaquean y no se hacen cargo de dichas inconsistencias lo más probable es que se retrocedería a estadios pre democráticos a los que la mayoría no quisiera regresar bajo ninguna circunstancia”. (Cansino: 2011)
Del claro declive de las elites políticas y sus funciones como formadores de procesos democratizadores va postulando su concepción bajo la conceptualización de Antonio Gramsci como la crisis de la hegemonía. Por ello, “la articulación contradictoria Estado/partidos/opinión pública resulta clave para imponer a la democracia como la forma hegemónica de la política. Y el forcejeo entre partidos y opinión pública por asegurarse el control de la decisión política constituye hoy en día el mecanismo político que caracteriza la producción de las relaciones de ciudadanía, destinadas a cimentar la institucionalidad del nuevo orden democrático”. (Ramos Jiménez: 73:2008)
En cuanto al claro disfuncionamiento de los partidos y sistemas de partidos, por la falta de interés por parte de la sociedad civil con claros vestigios totalitarios va corriendo hacia una clara privatización de las forma partido y ello va acumulando el déficit de la democracia a niveles internos dentro de las estructuras políticas que van perdiendo funcionalidad para reorganizar el Estado, y la sociedad política no congenia con la sociedad civil, termina siendo lo que para O´Donnell; son las democracias delegativas.
Sin embargo, y, “por el contrario, como enseña una tradición de pensamiento que va de Hannah Arendt a Claude Lefort y Cornelius Castoriadis, cuya característica dominante es pensar la democracia en clave postotalitaria, es ahora y no antes cuando la sociedad se reconcilia por primera vez consigo misma, es ahora y no antes cuando los individuos pueden concebirse y asumirse como sujetos políticos, y es ahora y no antes cuando la democracia puede entenderse como una forma de vida y no sólo como una forma de gobierno. Que el principal instrumento al alcance de los ciudadanos para promover soluciones o buscar consensos sea ahora la política, o sea el debate y la deliberación públicas (aunque en muchas ocasiones es igualmente legítima la resistencia y la desobediencia, siempre y cuando sean civiles y pacíficas, o sea que no atenten contra los derechos de terceros), y ya no la mítica lucha de clases o la confrontación violenta en cualquiera de sus expresiones, no significa que la sociedad civil haya perdido valor, congruencia o radicalidad, sino simplemente que ha aprendido a aceptar como un dato incontrovertible de su tiempo la pluralidad compleja y heterogénea que la cruza y, en consecuencia, lo intransigentes e intolerantes que resultan todas aquellas posiciones que se creen portadoras de verdades universales por lo que sus partidarios las quieren imponer al resto de la sociedad a como dé lugar”. (Cansino: 2011)
De tal manera, que el proceso de dominación carismática, como lo estudió Max Weber, “supone un proceso de comunicación de carácter emotivo”. (Weber 194:1992) Es decir, los líderes populistas y neopopulistas, y totalitarios, tienden a explotar los sentimientos emotivos de la sociedad desprotegida. De ahí, promueven soluciones casi siempre revolucionarias en contra de la administración pasada.
Evidentemente, Ellner nos explica desde el enfoque general de la situación en el continente como el neoliberalismo promovió el discurso antipolítico. Veamos: “El discurso neoliberal fue engañoso en otros aspectos. Su énfasis sobre la necesidad de circunscribir el poder del gobierno central y promover la descentralización fue frecuentemente una cortina de humo para ganar la aceptación del verdadero objetivo, es decir, la privatización generalizada. Así, por ejemplo, uno de los primeros manifiestos neoliberales que salió de Venezuela fue recogido por el ejecutivo de los medios de comunicación Marcel Granier en 1987 y editado por el “Grupo Roraima”, de patrocinio empresarial, titulado “Más y Mejor Democracia”. El escrito aducía el argumento neoliberal de la necesidad de frenar el “excesivo paternalismo estatal”, promover la descentralización y “tratar a los partidos políticos sólo como una organización más de la sociedad civil” (Grupo Roraima 1987, 140).
Sin embargo, “en ninguna parte hacía referencia el documento a la privatización, omisión esta la cual no fue sorprendente ya que fue mal vista en los años después de la nacionalización de la industria petrolera, en 1976. Sin embargo, una vez que la naturaleza supuestamente perniciosa del centralismo fue ampliamente reconocida, los miembros del antes señalado grupo abrazaron la privatización, y el gobierno colocó prácticamente toda la industria básica de la nación junto con el sector de telecomunicaciones en el bloque de los apostadores de subastas. Las industrias de la electricidad, la sal y el sistema portuario fueron descentralizadas sólo para ser luego ofrecidas a los intereses privados. Realmente el destino de estos sectores fue una conclusión perfectamente predecible ya que los gobiernos estadales simplemente carecían de los recursos, la tecnología y la experiencia para hacerse cargo de ellos”. (Ellner)
En este sentido Steve Ellner; que en un principio da la explicación desde el excesivo Estado neoliberal. El asunto se complica, dado que al pasar los años y precisamente por el hiperpresidencialismo que él propuso, pasamos a las manos de líderes de carácter anti-instituciones de corte militar con manifestaciones netamente mesiánicas en el poder. Y que a raíz de ello tratan por todos los canales posible de conquistar los poderes simbólicos y los proyectan en la excesiva propaganda política cargada de resentimiento de épocas pasadas, que en su momento fueron las bases para la apertura, tanto económica como la apertura a la democracia representativa. Y todo ello gracias a los partidos políticos independientemente que se hayan fosilizado en el tiempo dando paso al fenómeno Chávez. Que en un comienzo fueron avalados por grupos de medios de comunicación e información como: el Grupo Cisneros (Venevisión TV) y el Grupo 1BC. (RCTV, Radio Caracas Radio).
A su vez, citando a Giovanni Sartori, René Mayorga observa: “hay varias explicaciones plausibles sobre el por qué de la antipolítica. Una de las mejores es, a su criterio, que la corrupción política ha alcanzado ya el punto crítico de corromper la actividad política misma”.9 De modo que, dentro de esta problemática, se produce el nacimiento y establecimiento del fenómeno de la antipolítica en Venezuela. Ello, producto de la corrupción política que minó al Estado Asistencial y corporativo arrastrando a los actores políticos provenientes o cercanos a los partidos políticos tradicionales a su declive y el clientelismo.
De hecho, “poniendo en cuestión el principio de representación y la necesidad misma de los partidos políticos, la antipolítica se presenta como una alternativa ‘real’ frente al sistema de partidos y propone en el fondo un tipo distinto de democracia: La democracia plebiscitaria”.10
Pero quede claro: en Venezuela la democracia ha fenecido, la MUD no termina de entender al totalitarismo del chavismo al que se enfrenta y la realidad; es que al estar todas las instituciones del Estado secuestradas por la bota militar de forma pretoriana totalitaria, seguir la división partidista en el País, es entregarle aún más el futuro de nuestras generaciones a la bota militar de Chávez.
Así fue que; “la política, o lo que queda de la política entre nosotros, ha sido portadora de unos cuantos encuentros y desencuentros entre los principales actores, los mismos que ya venían anunciados en la etapa histórica precedente, convencionalmente identificada como democracia bipartidista, por unos –los más optimistas-, o democracia puntofijista, por otros, -los pesimistas-. Y ello en circunstancias tales que individualidades carismáticas, hábiles prestidigitadores, campeones en la manipulación y la duplicidad fueron emergiendo en un terreno disponible para la aventura populista”. (Ramos Jiménez: 2011:11)
Sin embargo el pretorianismo en Venezuela se presenta bajo la totalización del manejo de las instituciones del Estado en el desgobierno por parte, en casi su totalidad de militares en el poder, o ex militares, así como la creación de grupos de milicias, fuera de las fuerzas castrenses. Y toda decisión al respecto pasa por las decisiones del ejecutivo sin pasar su discusión por la Asamblea Nacional y violando flagrantemente la Constitución y el procesos de descentralización de gobernaciones, alcaldías entre otros, bajo una figura del Estado comunal.
Asimismo, “Cualquiera que sea el derrotero de nuestros países en el futuro inmediato, una cosa es cierta: nada preexiste al momento del encuentro o la interacción de los ciudadanos; es aquí, en el espacio público, donde se definen y afirman los valores (y los contenidos de esos valores) que como tales han de articular a la sociedad. Es más, reconocer la centralidad del espacio público para la democracia es reconocer que todo, absolutamente todo, es o puede ser “politizable”, a condición de que sea debatible, que se convierta en un asunto de deliberación pública e interés social”. (Cansinoi:2011)
En definitiva, la política en democracia busca superar en secretismo de Estado y gobierno, se basa en la política de la opinión pública para proyectar y mejorar la vida en democracia, que gracias a los medios de comunicación, en especial de las tecnologías de la información para poder lograr las libertades de expresión y el respeto a los Derechos Humanos en la comunicación política. Sin ellos, el espacio político, y la política en democracia de cara al siglo XXI corre el peligro de morir entre: populismos, neopopulismos, autoritarismos y totalitarismos en sus diversas formas y manifestaciones. En conclusión, el espacio de la política y la opinión pública se construyen y fortalece en los espacios de las instituciones de la democrática representativa con claras reglas del juego, entre oposición, medios de información, partidos políticos y sociedad civil, los gobiernos y el Estado.
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1 Politólogo. Magíster. Miembro investigador del Centro de Investigaciones de Política Comparada (CIPCOM-ULA) de la Universidad de Los Andes. Mérida-Venezuela. Investigador acreditado por Programa de Promoción al Investigador (PPI – FONACIT- Nivel I) y el Programa de Estimulo al Investigador (PEI-CDCHT -ULA) Mérida – Venezuela. Candidato a Doctor en Ciencias Humanas HUMANIC, Universidad de los Andes. E-mail: franciscogs@ula.ve Este trabajo está en el marco del proyecto de investigación financiado por el CDCHTA-ULA. “Medios de comunicación y democracia: El caso de la Venezuela de Chávez (1999-2011)”. Bajo el código: D-410-10-09-B.
2 Aquí, René Mayorga cita a Andreas Schedler, en “Antipolitical opposition. A Framework for comparative análisis.” Ponencia presentada al Viena Dialogue on democracy, “The politics of antipolitics”, Viena, 7 al 10 de julio de 1974, P.4.
3 Véase para más detalle. García Samaniego, Francisco Roberto. “Medios y política en Venezuela bajo la revolución bolivariana”. En: Ramos Jiménez, Alfredo (compilador). La revolución Bolivariana. El pasado de una ilusión. Editorial, La Hoja del Norte. 1ª Edición, Caracas 2011.
4 Para profundizar más sobre el término Capital Social, véase, Putnam y Coleman, sus estudios hacen referencia a la necesidad de construir Capital Social; bajo la confianza que los ciudadanos depositan en las instituciones, para de allí lograr acuerdos y propósitos para el buen desempeño de la democracia de calidad. De hecho, otros autores como, Pierre Bourdieu (+), Margaret Levi, Michael Taylor, Dietlind Stolle, Francisco Herreros, Henar Criado, Andrés de Francisco, entre otros, que en la actualidad están dando aportes sobre el desarrollo académico del Capital Social como modelo de desarrollo autogestionario a contraposición de modelos económicos ya en desuso.
5 Rey, Juan Carlos. “El ideario Bolivariano y la democracia en la Venezuela del siglo XXI”. En, Ramos Jiménez, Alfredo (compilador). La revolución Bolivariana. El pasado de una ilusión. Editorial, La Hoja del Norte. 1ª Edición, Caracas, 2011.
6 Día en que se realizó en Caracas-Venezuela una marcha de miles de opositores al régimen de Chávez la cual pretendió llegar hasta el Palacio de Miraflores para demandar la renuncia del presidente. La situación se torna violenta por los grupos Violentos afectos al presidente que impidieron el paso de la marcha, situación que desembocó en una balacera en donde mueren más de 19 personas. Precisamente esas muertes generan la caída de Chávez por sólo 3 días retornando al poder en la madrugada del 13 de abril de 2002.
7 Cierre el día 27 de mayo de 2007 a las 11.59 pm. Radio Caracas Radio (RCTV). La televisora más antigua de Venezuela, y la que tenía los programas de crítica más dura al régimen de Chávez, es cerrada de forma arbitraria y violando la Constitución y reglamentaciones para dicho procedimiento. Televisora aún cerrada y sus aparatos de tecnología secuestrados por la Guardia Nacional Venezolana.
8 Aquí, René Mayorga. Cita a Giovanni Sartori, Comparative constitutional engineering. An inquiry into structures, incentives and outcomes. New York: New York University Press, 1994, P.P. 145-151.
9 Mayorga, René Antonio. Antipolítica y Neopopulismo. Centro Boliviano de Estudios Multidisciplinarios. 1995. p. 10.
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